Si alguien quisiera una referencia de Curacaví, Google ofrecería datos sobre cierta comuna dentro de la Provincia de Melipilla, en la Región Metropolitana de Santiago, ubicada a unos 60 kilómetros de la capital chilena y habitada por algo más de 30 mil personas. También hallaría usted en esa búsqueda que los dulces y la chica de allí gozan de buena fama.

Pero si preguntara al grupo de misioneros que fueron a Curacaví este verano, ellos le hablarán de una comunidad en particular, El Ajial, cuyo nombre identifica la vocación agrícola en el cultivo del ajo. Darán información puntual sobre las familias más humildes, los abuelos más solitarios y necesitados de solidaridad, y sobre los corazones más dadivosos.

Y es porque allí están 12 jóvenes, tres seminaristas, una religiosa y dos sacerdotes dando testimonio de aquella parábola en la que Jesús hablaba de trabajar en la viña del Señor. Juntos dan vida a la Minga Leonardina, una de las misiones de este verano 2020.

Dicho por el padre Javier González de la Orden Madre de Dios (OMD), «la Minga Leonardina es una iniciativa de la pastoral juvenil y vocacional de la Orden, ¿Qué hacemos? Durante las mañanas, nos enfocamos en ofrecer servicios a la comunidad, limpiar espacios comunes, recolectar material reciclable, ayudar a gente de la tercera edad en sus casas. En las tardes, nos dedicamos a visitar enfermos, bendecir casas y a ocuparnos en actividades de formación».

Seguro que muchos chilenos lo saben, pero para cultura general de nuestros lectores, «minga» es un término que se refiere a las jornadas de trabajo en equipo entre vecinos, amigos y voluntarios, en las que todos cooperan y, por lo general, comparten una comida al final de la faena.

La misa y comunión son especiales, al aire libre, en el patio de una casa, pues aún está pendiente la construcción de una capilla para esta comunidad.

«Tenemos momentos de relación con nuestro Padre Celestial tres veces al día, orando, conectándonos con esa fuerza que nos inspira a ser útiles en sus propósitos. Yo diría que es una experiencia en la que se conjugan 3 virtudes: ayuda comunitaria, fraternidad y formación», agrega el sacerdote, quien es asesor de la Pastoral Juvenil y Vocacional Leonardina (PJYV).

Las misiones leonardinas tienen lugar cada verano. Van durante tres años seguidos a una misma comunidad y luego emigran hacia otra para hacer el mismo trabajo, dar testimonio de la palabra y los valores cristianos a través del servicio desinteresado.

La misión de Curacaví comenzó el pasado 13 de enero y estará allí hasta este domingo 19. Este sábado, la jornada incluye una procesión de Nuestra Señora del Carmen de Curacaví.

Las personas que se complacen en el servicio al prójimo y desean ser misioneras, deben acercarse a su parroquia más cercana y buscar orientación al respecto.

Entre tanto, la gente de El Ajial celebra el encuentro con su dadivosidad. Cada día, la Minga Leonardina culmina con queso y huevos de campo, paseos a caballo y mucha sandía para mitigar los efectos del verano.

Texto: Yesenia Chapeta   /   Fotos: Javier González.