La Biblia reseña anécdotas y episodios de hombres y mujeres que pasaron a la historia personificando virtudes, e incluso vicios, a través de sus palabras y experiencias. El rey Salomón siempre será vinculado con la sabiduría; Tomás, discípulo de Jesús, con la incredulidad; el centurión romano que afirmó “Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano”, todavía es evocado como ejemplo de fe; Judas Iscariote es sinónimo de traición…

Pero hay alguien que figura entre estos personajes como símbolo de una condición sobrenatural y maravillosa. Lázaro de Betania, San Lázaro, vivió la gloria de ser resucitado cuatro días después de su muerte. Protagoniza, junto a Jesucristo, los acontecimientos registrados en el capítulo 11 del evangelio de Juan.

Cada 17 de diciembre, la Iglesia conmemora el milagro de la resurrección de Lázaro

María y Marta, hermanas de Lázaro, al verlo muy enfermo, habían enviado por Jesús, confiadas en el poder sanador del hijo de Dios, pero Él, sabiendo que los caminos del Padre pueden ser tan misteriosos como sabios, no acudió al llamado enseguida y dijo a sus discípulos confiadamente: “La enfermedad de Lázaro no acabará en muerte. Al contrario, sucedió para la gloria de Dios, a fin de que el Hijo de Dios reciba gloria como resultado”.

Lo demás es historia. La llegada de Jesús a Betania, su encuentro con Marta, y esa promesa que quedó grabada a fuego para la humanidad entera: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá aun después de haber muerto. Todo el que vive en mí y cree en mí jamás morirá. ¿Lo crees, Marta?”.

Los hechos en torno a este milagro se registran en el capítulo 11 del evangelio de Juan

Importante recordar cuando repasamos la historia de San Lázaro que no es leyenda ni mitología. Los hechos en torno a este y otros milagros de Jesús de Nazaret constituyen registros históricos que no han podido ser desmentidos por los análisis más rigurosos de la academia.

Cada 17 de diciembre conmemoramos a San Lázaro y celebramos esa promesa de vida que surgió a través de su testimonio. Aquel suceso tiene su equivalente cada vez que Jesús nos rescata de la muerte espiritual cuando lo conocemos, cuando dejamos de vivir sin propósito y pasamos, a través de Él, de las tinieblas a la luz, de nuestra historia antes de Cristo, a nuestra era después de Cristo.

Texto: Yesenia Chapeta. Imágenes: freepic.cl