Los rostros de Jesús

«El verbo se hizo carne y habitó entre nosotros», dice Juan en su evangelio (1:14), pero hace 2 mil años no habían cámaras de ningún tipo, de modo que no quedaron fotografías de Jesús y el enigma sobre su apariencia constituye una interrogante que el mundo entero se ha hecho a lo largo de los siglos. 

Sobre este tema giró el conversatorio Luces y Debate del pasado 15 de agosto, un espacio de edificación que los padres Alejandro Abarca y Oney Amaya, párroco y vicario de la parroquia San Lázaro, respectivamente, moderan cada sábado a través de las redes sociales.

Las versiones de Oriente y Occidente

«La tradición oriental muestra a un Jesús muy hebreo, peinado con una partidura en el medio y con un mechón de cabello que le cuelga en la frente, un varón semita (…). Vemos a Jesús sentado, con la mano derecha levantada, los dedos índice y medio juntos, en señal del Didáskalos o ‘maestro que enseña con autoridad’, y un libro que representa la nueva torá o nueva ley, la ley del amor. También veremos siempre a este Jesús del arte oriental pintado en azul y café, lo cual representa los principios de ‘verdadero Dios’ (azul-cielo) y ‘verdadero hombre’ (café-tierra) al mismo tiempo», describió el padre Alejandro Abarca.

La sociedad occidental se quedó con una imagen más romántica sobre Jesús, que es la que corresponde a la versión rubia y de ojos azules… Sin embargo, las imágenes que surgieron a partir de los análisis científicos en torno a la santa sábana de Turín, que todavía se conserva en la ciudad de Turín, Italia, y al paño de Oviedo, coinciden más con la versión de Cristo grabada por el arte oriental que con la occidental. 

«Los primeros cristianos, que vivieron en oriente, grabaron en su arte el mismo rostro que nosotros en occidente hemos descubierto en el manto de Turín. De hecho, ese manto tiene una mancha de sangre que es la que le corre desde la corona de espinas hacia la frente, justo donde los pintores orientales le ilustraban un mechón de cabello en la frente, porque habían supuesto que Jesús tenía algo en la frente», agregó el párroco de San Lázaro.

Comparación de la imagen revelada en el sudario de Turín con el Jesús pintado por la niña Akiane Kramarik

«Dato curioso, la sangre que está ahí es humana, es sangre que no se ha degenerado con el tiempo, y es el mismo tipo del rostro que está en otro trozo de tela, el que está en Oviedo. El evangelio dice que a Jesús lo cubrieron con un paño, y después lo envolvieron una sábana». P. Alejandro Abarca.

  • Más allá de probables casualidades, hay otro hecho que se suma a la versión del rostro retratado en el arte oriental.

 

  • En 1934, el pintor polaco Eugeniusz Marcin Kazimirowski plasmó en el lienzo la imagen descrita por una monja, hoy día Santa Faustina Kowalska, quien insistía en materializar una visión recurrente que había tenido sobre Jesús.

 

  • La imagen en cuestión (a la derecha) es la que corresponde al mundialmente venerado Jesús de la Misericordia y resultó ser más parecido al rostro del arte oriental que al perfil occidental.

El rostro desfigurado de Cristo

El padre Oney Amaya recordó que, independientemente del rostro físico atribuido al Nazareno, es preciso recordar sus enseñanzas respecto al juicio escatológico de Dios, o juicio de los últimos tiempos:

Porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; fui forastero, y me dieron alojamiento; 36 necesité ropa, y me vistieron; estuve enfermo, y me atendieron; estuve en la cárcel, y me visitaron”. 37 Y le contestarán los justos: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te alimentamos, o sediento y te dimos de beber? 38 ¿Cuándo te vimos como forastero y te dimos alojamiento, o necesitado de ropa y te vestimos? 39 ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y te visitamos?” 40 El Rey les responderá: “Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de mis hermanos, aun por el más pequeño, lo hicieron por mí”. (Mat. 25: 35-40).

«El rostro del que habló el profeta Isaías, frente al cual los hombres volverían la cara para no ver lo desfigurado que estaba, es el rostro del Jesús que encarnó a los más desafortunados de la tierra. El rostro que no es atractivo, el rostro de las necesidades con las que a veces nos desagrada relacionarnos. Está bien que apreciemos el rostro del Jesús resucitado, porque representa nuestra esperanza, pero el Jesús del que habló Isaías representa un rostro a través del cual el Señor también se manifiesta… Es el rostro de los mendigos, los pobres, los enfermos terminales, de los inmigrantes que padecen necesidad o de los presos, por ejemplo». Padre. Oney Amaya.

«Pero muchos quedaron asombrados cuando lo vieron. Tenía el rostro tan desfigurado, que apenas parecía un ser humano, y por su aspecto, no se veía como un hombre». (Isaías 52:14).

El rostro de Jesús en el forastero

«Fui forastero y me diste alojamiento, dice la parábola de Jesús sobre el juicio final. Yo te digo algo, no me importan tanto las expresiones de racismo o xenofobia en las personas que no tienen fe, pero me raja el alma ver o escuchar personas que invocan a Dios como Padre y no son capaces de reconocer al hermano (…). Me pasa igual con el pueblo Mapuche, me duele que no seamos capaces de reconocer el sufrimiento de estas personas, y no es que avale la violencia, de ninguno de los dos lados (…). Hace algunos días vi a una persona que conozco despotricando porque algunos hermanos extranjeros han accedido los beneficios que está dando el Gobierno a causa de la pandemia, y me impactó tanto que eliminé a esta persona de mis redes sociales. No comprendo este tipo de actitudes». P. Alejandro Abarca.

El rostro de Jesús en el preso

«Estuve en la cárcel y no me visitaron… Lo mismo que cuestiono en las voces xenofóbicas es lo que veo en las voces de cristianos que, frente a un hermano que cometió un crimen, piden la pena de muerte, que lo maten,
que lo despedacen, venganza y más venganza, sin pensar que en esa persona, aunque haya cometido un crimen horrendo, puede haber también un hijo de Dios». P. Oney Amaya

Jesús en el rostro del indigente

«Siempre recuerdo un impactante testimonio del padre Hurtado. Él cuenta que caminaba bajo la lluvia, en una noche de invierno, y un hombre se le acercó y le dijo ‘¡Padresito, padresito!’… El padre Hurtado dice que se sacó el capote para abrigar a aquel pobre hombre, quien recibió el abrigo y le dijo, ‘¡Gracias, padre!’, y lo miró, y dice que cuando lo vio, era Jesús quien se le había presentado. Les digo, esa experiencia concreta inspiró la creación de El Hogar de Cristo. En un mendigo, un indigente, este padre descubrió a Jesús». P. Alejandro Abarca.