La histórica epidemia de peste bubónica que azotó al pueblo italiano entre 1629 y 1631 cobró más 280 mil vidas, especialmente en las regiones del centro y el norte.

Cuando la temible peste llegó a Lucca, una ciudad de Toscana, el clérigo leonardino Flaminio Paulini dejó una conmovedora carta que es digna de memoria eterna. La misiva está dirigida al Padre General, RP. Domenico Tucci OMD (IV Superior General, 1623-1651), y se refiere al llamado que recibió Paulini -el autor de la carta-, para ayudar a los infectados.

Este es el contenido textual:

“Ahora, Nuestro Padre muy querido, ha llegado el final de mis días, los que espero que sean el principio de mi felicidad. Deseo una vez más unirme a Cristo, ahora está en mí el hacerlo. Anhelaba ver esta carne incinerada; dentro de poco se cumplirá mi deseo. La peste fue descubierta en esta ciudad, en la que surgió.

Nuestros Padres han prometido al Obispo mantenerle un sacerdote, un joven y un hermano para el cuidado de los infectados; yo seré el primero de los jóvenes, ya que soy el mayor.

Si su Paternidad me ama, es tiempo que lo muestre orando por mí a la Santa Madre, a fin de que me dé fuerzas en las fatigas, para las que me he preparado. Créame si le digo que me parece ver el cielo abierto, cuando pienso en que tengo que servir a las víctimas de la peste. No puedo ir más lejos.

Por gracia, cuando escuche de mi muerte, procure que me sean aplicadas las primeras misas, sean las que sean, y yo le prometo el intercambio en la otra vida. Adiós, mi dulce Padre.

¡Bendígame! Nos vemos en el Paraíso.

Clér. Flaminio Paulini OMD

Lucca, 28 de Octubre de 1630

Traducción: RP Javier Gonzáles OMD