La construcción se ubica en la calle Ejército Libertador 417, esquina Gorbea, en la comuna de Santiago. Se emplaza en un antiguo barrio alto de la capital y con gran variedad y riqueza arquitectónica, siendo el sitio de culto de muchas famitas importantes de la época. Es, tal vez, una de las más atractivas e interesantes de Santiago, por ser una fiel exponente del estilo neogótico francés.

Historia

Este es un caso donde se puede diferenciar la institución eclesiástica que funciona en un lugar, del edificio propiamente tal. Sus primeros antecedentes datan del año 1775, cuando fue erigida por el entonces obispo Manuel Alday que entonces le dio el titulo de San Francisco de Borja. Luego, por decreto del 22 de octubre de 1781, el mismo Obispo Alday trasladó la sede parroquial a una vieja capilla, llamada San Lázaro, que estaba situada en la entonces llamada Cañada (actual Alameda), entre las calle de las Cenizas, (hoy San Martín) y la Av. José Manuel Rodríguez.
Ya con el nombre de San Lázaro, la parroquia estuvo ahí durante casi cien años, hasta que el Monseñor Valdivieso, viendo la necesidad de un templo más amplio, nombró una comisión que preparara la construcción de una nueva iglesia. Para tales efectos se adquirió un terreno en la calle Ejército Libertador, comenzando la construcción en 1875 por parte de los arquitectos Gustavo Monckeberg y José Aracena y bendiciéndose el templo ya terminado el 7 de julio de 1877.

Por otro lado, la antigua Iglesia de San Borja pasó a formar parte del hospital de mujeres San Francisco de Borja en 1887. El recinto ubicado en las inmediaciones de las actuales calles Dieciocho y Alameda, se trasladaría en 1847 al sector de la Alameda entre Portugal y Vicuña Mackenna.

 

La Iglesia de Hoy            

Sin embargo, el 9 de enero de 1928, un gran incendio destruyó una parte importante del templo, lo que obligó al párroco Arturo Cortinez a iniciar su reconstrucción, cuyos planos estuvieron a cargo de los mismos arquitectos que la construyeron, tarea que fue completada con la participación de los ingenieros Francke y Botinelli, terminándose los trabajos en el año 1930. La nueva Iglesia se inauguró el 15 de agosto de ese año, cuando se celebra la Asunción de la Virgen.

En la actualidad, la parroquia San Lázaro fue entregada a la atención pastoral de la Orden de la Madre de Dios (OMD), por el Cardenal Juan Francisco Fresno.

 

Construcción Particular              

La iglesia es un importante referente arquitectónico ya que es representante de un estilo que escapa de las típicas construcciones más destacables, en las que predomina lo neoclásico. En este sentido, las referencias francesas del siglo XIX y principios del XX en Chile se desarrollaron principalmente en la línea neogótica, que predominaba en el país galo desde el siglo XII. Sus principales características son las formas alargadas y estilizadas, presentes también en la capilla del Niño Jesús de Praga, en la entrada de la calle Independencia.

La iglesia de San Lázaro presenta una fachada imponente, con una torre central estructurada en tres segmentos, en la que se encuentran distribuidas cuatro esculturas de ángeles. Sobre la puerta de entrada delante de un vitral circular, la escultura del patrono de la Iglesia es flanqueada por otras dos imágenes, dando la bienvenida al templo.

Ya en su interior, al centro de la nave central,  hay una hermosa cúpula decorada con frescos que representan la anunciación, el nacimiento, la muerte y resurrección de Jesucristo. El altar mayor es de mármol y ónix y los confesionarios están hechos de roble americano.

La iglesia cuenta además con un órgano construido por Oreste Carlini, cuyo costo en 1934, era de 80 mil pesos. Fue inaugurado el 20 de abril de 1935 con una homilía a cargo del párroco Cortínez. Su conservación es buena, no obstante se encuentra fuera de uso después del terremoto de 1985 debido a desperfectos menores.

Las últimas intervenciones que se le hicieron a la edificación fueron la implementación del piso del templo, con mármol blanco de carrará (Italia) y granito de varios colores.

Por Alejandro Dreisziger